El ARTE DE SOÑAR
Cuando nos acercamos a Dios, se abre una puerta que nos permite alcanzar Sus promesas. Soñar es creer, avanzar y conquistar aquello que Él ha preparado para nosotros.
Los sueños son parte del lenguaje del Espíritu Santo. Nosotros soñamos y presentamos nuestras peticiones en fe, y el Espíritu Santo las lleva al Padre. Incluso intercede por aquellas necesidades que no sabemos expresar con palabras. Dios escucha, responde y obra a nuestro favor. (Romanos 8:26).
DIOS NOS ENSEÑA A SOÑAR
La Biblia nos inspira a través de la vida de hombres y mujeres que recibieron promesas de Dios y decidieron creerlas. Fueron pacientes y perseverantes mientras esperaban el tiempo perfecto para ver cumplido aquello que Dios les había prometido.
Para Abraham, tener hijos era imposible desde una perspectiva humana, pues Sara era estéril. Sin embargo, Dios lo desafió a soñar cuando le dijo: «Mira las estrellas y cuéntalas, porque así será tu descendencia». Y la promesa se cumplió. (Hebreos 11:12).
A José, Dios le mostró a través de sueños los lugares y posiciones estratégicas a los que lo llevaría. Lo preparó para convertirse en instrumento de salvación para una generación amenazada por la hambruna. A pesar de las dificultades, la promesa también se cumplió. (Génesis 47:12-13).
APRENDIENDO A SOÑAR
Crecí en una familia con muchas limitaciones económicas. Durante gran parte de mi niñez no tenía zapatos y, muchas veces, recorría las calles de mi pueblo descalza para hacer mandados.
En una de esas salidas soñaba con encontrar una moneda que me permitiera comprar un helado. Miraba constantemente el suelo imaginando que aparecería. Aún recuerdo aquel día en que encontré la moneda y pude comprar mi helado. Mi pequeño sueño se había cumplido.
También soñaba con unas botas marrones, de corte alto, estilo montañeras. Un día vi una exactamente igual a la que había imaginado, pero encontré solo una. Aun así, seguí buscando con emoción y la certeza de que encontraría la otra. Y así fue. Estaban en perfecto estado.
Como estas experiencias, guardo muchos recuerdos de cosas simples pero significativas para mí. Las imaginaba una y otra vez, y de repente aparecían. Hoy creo que Dios me estaba enseñando el arte de soñar.
EL ENEMIGO DE TUS SUEÑOS
Dios tiene muchas promesas para nosotros. Él no hace acepción de personas. Sin embargo, también existe un enemigo que buscará impedir que alcancemos aquello que Dios ha preparado.
Para lograrlo utiliza aliados como la incredulidad, la impaciencia, el desánimo y el rechazo. Todos ellos intentan empujarnos a renunciar a aquello que anhelamos conquistar.
Abraham esperó muchos años para ver cumplida la promesa que Dios le había dado. José atravesó pruebas, vivió el rechazo, enfrentó amenazas de muerte e incluso llegó a la cárcel. Ambos lograron vencer porque confiaron plenamente en Dios.
En mi propia vida, el enemigo también intentó robar mi capacidad de soñar. Viví años bajo circunstancias difíciles y procesos dolorosos que, por momentos, me paralizaron. Sin embargo, doy gracias a Dios porque pude permanecer firme creyendo en Sus promesas. Esa fidelidad ha traído restauración a mi vida y hoy me siento libre para volver a soñar y ver el cumplimiento de esos sueños.
TESTIMONIO DE SUEÑOS CONQUISTADOS
Cuando conocí a Dios entendí que los sueños vienen de Él y que desea enseñarnos a caminar hacia ellos.
Con el tiempo aprendí que no todo deseo es un sueño. Los deseos pueden ser pasajeros, pero los sueños que nacen en Dios tienen propósito y dirección. Para mí ha sido como ejercitar un músculo: comenzar con pequeñas conquistas hasta alcanzar metas mayores.
Soñando conocí a mi esposo, Gabriel. Soñando recibimos a nuestras hijas, Ana y Sara. Hoy servimos a Dios como familia.
Soñando trabajé en el ámbito bancario y posteriormente en una importante institución de la administración pública. Cada una de esas experiencias formó parte de la preparación para uno de mis mayores llamados: servir laboralmente en la casa de Dios.
Recuerdo que, al conocer al Señor, le pedí que me permitiera bendecir a mi mamá. Vivíamos en una casa con techo de láminas metálicas. Por delante pasaban carros y grandes camiones; por detrás había un barranco. Era un lugar que generaba temor e inseguridad.
Anhelaba verla vivir en un hogar seguro y agradable. Y Dios respondió. A los 28 años pude entregarle las llaves de una hermosa casa donde vive actualmente.
También recuerdo que, en el año 2004, siendo muy joven, llegué a la ciudad de Maracaibo. Un día pasé frente a un concesionario de vehículos nuevos y soñé con tener uno. Se lo pedí a Dios.
Dos años después, en 2006, fui al concesionario de la ciudad donde vivía en ese momento, acompañada por mi líder, la pastora Liduina Osorio. Allí recibí mi primer vehículo nuevo de agencia: un Fiesta Power negro. Otro sueño conquistado.
CÓMO CONQUISTAR TUS SUEÑOS
Hay una palabra rhema que ha sido fundamental para conquistar muchos de mis sueños:
“Determinarás asimismo una cosa, y te será firme”. (Job 22:28).
Tomé la decisión de unir mi corazón a las promesas de Dios a través de lo que llamo mi Libro de los Sueños. Este libro se ha convertido en un hábito y en un estilo de vida. Cada año lo preparo como una ruta para la nueva temporada que comienza, manteniéndolo vigente con constancia y disciplina.
TRES PRINCIPIOS QUE ACOMPAÑAN MI LIBRO DE LOS SUEÑOS
Visualización
Consiste en colocar imágenes de aquello que deseo alcanzar junto con las promesas de Dios que lo respaldan. Mantengo mi libro en un lugar visible y de contacto frecuente para recordar constantemente hacia dónde me dirijo. (Génesis 15:5).
Declaración
Declaro cada promesa en voz audible. Oro con convicción y expectativa, creyendo que Dios cumplirá Su palabra en el tiempo correcto. (Romanos 8:17).
Fe
El amor, la entrega y el sacrificio de Jesús nos acercaron al Padre para bendecirnos. Nuestros sueños encuentran cumplimiento cuando caminamos en fe y obediencia. (Juan 12:32).
ATRÉVETE A SOÑAR
Cuando Dios pensó en crearnos, ya nos había soñado. Soñar forma parte de Su diseño para nuestra vida y del cumplimiento de Sus planes.
Hoy puedes decirle: “Señor, estoy dispuesta a que cumplas Tus planes en mí y a través de mí. Enséñame a soñar contigo y a caminar hacia todo aquello que has preparado para mi vida”.
“Porque cuando los sueños nacen en el corazón de Dios, siempre encuentran el camino para cumplirse.”

