UNA NUEVA TEMPORADA

Dios usa los cierres, los procesos y las pruebas para preparar el corazón antes de abrir nuevas puertas. Una nueva temporada no comienza cuando cambian las circunstancias, sino cuando Dios transforma nuestra manera de pensar, fortalece nuestra fe y nos prepara para recibir todo lo que Dios nos ha prometido.
LAS NUEVAS TEMPORADAS COMIENZAN ANTES DE QUE CAMBIEN LAS CIRCUNSTANCIAS
Dios siempre nos llama a gozarnos y alegrarnos antes de ver la victoria. Para nosotros esto puede parecer difícil, porque en los momentos de dolor, incertidumbre y desesperación, lo último que queremos hacer es poner el gozo por delante de la prueba.
“Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas.” (Joel 2:21).
Esta promesa fue dada al pueblo de Israel después de un tiempo de devastación. La tierra había sido afectada por una plaga de langostas y el pueblo atravesaba una profunda crisis. Sin embargo, Dios les anunció que, después del arrepentimiento y de volver a Él, vendría un tiempo de restauración, abundancia y bendición.
La expresión “alégrate y gózate” no era una reacción a lo que el pueblo estaba viendo en ese momento, sino una respuesta de fe a la promesa de Dios. Su alegría se fundamentaba en la certeza de que Dios actuaría poderosamente.
De la misma manera, Dios nos desafía, aun en medio del dolor y el sufrimiento, a “tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). No porque disfrutemos las pruebas, sino porque sabemos que Dios está obrando en medio de ellas.
Por eso el profeta Habacuc pudo declarar:
“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.” (Habacuc 3:18).
El gozo nace de la confianza en que Dios está obrando, aun cuando no entendamos el proceso. La nueva temporada no comienza cuando cambian las circunstancias; comienza cuando decidimos creer que Dios ya está haciendo grandes cosas, aunque todavía no podamos verlas.
LAS NUEVAS TEMPORADAS SON MARCADAS POR UNA FE RENOVADA.
Las nuevas temporadas no son solo cambios de tiempo o de circunstancias; son oportunidades para conocer más a Dios, crecer en nuestro carácter y aprender a caminar confiando en su dirección. Cuando nuestra fe se renueva, también cambia nuestra manera de ver los desafíos. Lo que antes parecía un obstáculo comienza a convertirse en una oportunidad para experimentar la fidelidad de Dios.
¿Cómo se preparó Ester para salvar a su pueblo?
Ester pasó doce meses de preparación antes de ser presentada ante el rey. Aquel tiempo no fue una demora, sino un proceso en el que Dios la estaba preparando para el propósito al que había sido llamada.
Más adelante, cuando llegó el momento de interceder por su pueblo, Ester ya había sido formada para cumplir su misión. Dios también usa nuestros procesos para fortalecer nuestra fe, moldear nuestro carácter y prepararnos para la temporada que está por venir.
“Porque si callas absolutamente en este tiempo… ¿y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Ester 4:14, RVR1960).
Antes de presentarse ante el rey para interceder por su pueblo, Ester entendió que la verdadera preparación no era solo externa, sino una renovación interior y espiritual. Convocó a todos los judíos a ayunar durante tres días, y ella también ayunó junto con sus doncellas. En ese tiempo de búsqueda, su fe fue fortalecida y encontró el valor para cumplir el propósito de Dios.
Fue en ese proceso donde Ester renovó su confianza en el Señor. Dejó atrás el temor y abrazó su llamado con valentía:
“Y si perezco, que perezca.” (Ester 4:16, RVR1960).
Una fe renovada nos da el valor para enfrentar los desafíos con la certeza de que Dios está con nosotros. Así como Ester fue preparada para una nueva temporada de propósito, Dios también fortalece nuestra fe para cumplir la misión que ha puesto en nuestras manos.
Renovamos nuestra fe cuando apartamos un momento del día para hablar con Dios, leer su Palabra y recordar que sus promesas siguen siendo verdaderas. También se fortalece cuando, en lugar de quedarnos atrapados en los problemas, decidimos confiar en que Dios tiene el control y seguirá guiando cada paso de nuestra vida.
Renovarnos también significa salir de la rutina, aprender algo nuevo, trabajar por nuestros sueños y seguir desarrollando nuestros dones y talentos. Cuando crecemos por dentro, estamos mejor preparados para todo lo nuevo que viene.
LO QUE VIENE DE PARTE DE DIOS SIEMPRE SUPERA LO QUE QUEDÓ ATRÁS.
En la vida, todos dejamos atrás etapas, proyectos o momentos que marcaron nuestra historia. A veces cuesta soltar porque pensamos que lo mejor ya pasó. Sin embargo, Dios nos invita a mirar hacia adelante con esperanza.
Cuando Él abre una nueva temporada, no lo hace para que vivamos añorando el pasado, sino para guiarnos hacia algo mejor. Aunque el proceso pueda parecer incierto, Dios siempre está obrando con un propósito. Lo que Él tiene preparado trae crecimiento, madurez, nuevas oportunidades y una mayor manifestación de su fidelidad.
Vivir esta verdad en el día a día significa dejar de aferrarnos a lo que ya terminó y abrir el corazón a lo nuevo. Es confiar en que Dios puede transformar una pérdida en una oportunidad, un fracaso en un aprendizaje y un final en un nuevo comienzo.
En los tiempos del profeta Hageo, después de 16 años de oposición y desánimo desde que se había comenzado la casa del Señor, la obra del templo había quedado detenida. Lo que un día inició con entusiasmo, terminó paralizado por la presión, la oposición y el cansancio del pueblo.
Pero Dios no había olvidado su propósito. A través de Hageo, el Señor habló nuevamente y despertó el espíritu de Zorobabel, gobernador de Judá, para retomar la obra que había sido abandonada. Aquello que parecía detenido por mucho tiempo volvió a cobrar vida por la intervención de Dios.
Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos.
(Hageo2:4 )
Este relato nos recuerda que cuando Dios decide intervenir, puede reavivar lo que parecía perdido. El desánimo no tiene la última palabra cuando el Señor despierta el corazón de sus hijos y los impulsa a continuar lo que Él mismo comenzó.
Así entendemos que lo que viene de parte de Dios siempre tiene el poder de restaurar, reactivar y llevar a feliz término aquello que quedó inconcluso. Porque cuando Dios despierta nuestro espíritu, lo que estaba detenido vuelve a avanzar con propósito.
Este es un nuevo tiempo de culminar lo que quedó inconcluso. La espera ha terminado. Es tiempo de despertar y reedificar tus sueños.
“Es tiempo de una nueva temporada de resultados, donde lo que parecía detenido vuelve a cobrar vida y lo que fue postergado tiene su cumplimiento en las manos de Dios.”